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En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de "cristianos" (Hechos 11, 26)

Boletín del 12/06/2011

Domingo del Pentecostés

Pentecostes
Oh Santísimo Espíritu que procedes del Padre
y que, por el Hijo, vienes sobre los iletrados Discípulos:
salva y santifica a todos los que te reconocen como Dios.
 
Exapostelario

Tropario de Pentecostés

Tono 8

icono_audio¡Bendito eres Tú, oh Cristo Dios nuestro,
que mostraste a los pescadores sapientísimos
 cuando enviaste sobre ellos el Espíritu Santo.
Y por ellos el universo pescaste!
¡oh Amante de la humanidad, gloria a Ti!

Condaquio de Pentecostés

Tono 8

icono_audioCuando el Altísimo descendió en Babel,
confundió las lenguas
y dispersó las naciones;
mas cuando repartió las lenguas de fuego,
llamó a todos a la unidad.
Por lo cual, glorificamos con una sola voz al Santísimo Espíritu.

Lectura de Hechos de los Apóstoles (2: 1-11)

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Había en Jerusalén judíos, hombres piadosos que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues, ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.»

Evangelio según San Juan (7:37-52, 8:12)

 En el último día de la fiesta, que es el más solemne, Jesús se puso de pie, y alzo la voz diciendo: «Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba. El que crea en Mí, como dice la Escritura, de su interior emanarán ríos de agua viva.» Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu Santo, que iban a recibir los que creyesen en Él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús todavía no había sido glorificado. Muchos entre la gente, al escuchar estas palabras, decían: «Éste ciertamente es el profeta.» Otros decían: «Éste es el Cristo.» Mas algunos replicaban: «¿Por ventura el Cristo va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de Belén, donde David moraba, vendrá el Cristo?» Con esto, se suscitaron disputas entre la gente del pueblo sobre Él. Algunos de ellos querían prenderlo, pero nadie le echó mano.

Los guardias volvieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?» Respondieron los guardias: «Jamás hombre alguno ha hablado como habla este hombre.» Les dijeron los fariseos: «¿También ustedes se han dejado engañar? ¿Acaso algún magistrado o fariseo ha creído en Él? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos.» Les respondió Nicodemo, el que  había ido antes a ver a Jesús y que era uno de ellos: «¿Acaso nuestra Ley condena a un hombre sin haberle oído  primero  y  sin   saber   lo   que hace?» Le respondieron así: «¿Es que tú también eres de Galileo? Examina bien las Escrituras, y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta.»

Jesús les habló de nuevo y dijo: «Yo soy la Luz del mundo. El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá  la luz de la vida.

Pentecostés: la ley del amor

Hoy, cincuenta días después de la Pascua, celebramos Pentecostés que era para los judíos la fiesta de la entrega de Lay a Moisés y por medio de él al pueblo de Israel. Entonces no es extraño que Dios elija este día para el descenso del Espíritu Santo y, Por lo tanto, para que esta fiesta sea la memoria de la institución de la Iglesia, la Nueva Alianza. Dios nos dio la ley para conocerlo por medio del prójimo; esta definición queda más obvia en las enseñanzas del Nuevo Testamento por eso dice San Pablo: “Ustedes son una carta que Cristo escribió por intermedio nuestro, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra, sino de carne, es decir, en los corazones” (2Cor 3:3). Según esta expresión, el corazón del creyente formará el arca de la alianza que guarda el evangelio de la Gracia, de tal suerte que las obras, los pensamientos y las palabras del hombre surgan conforme a la nueva ley que Jesús resumió en un solo mandamiento: el amor.

Era necesario el caminar gradual desde la ley de Moisés hasta el Evangelio de Jesucristo, porque Dios hablaba con el ser humano con lo que éste entendía según dice san Pablo: “Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas del niño.” (1Cor 13:10-11).

La Ley del Antiguo Testamento no fue anulada sino fue cumplida por las enseñanzas de Jesús que mostraron el propósito real de ella. Sin embargo los mandamientos: “no matarás”, “no robarás” y muchos otros son, inicialmente, para distinguir el bien del mal, y se habían dado para los que no conocían la voluntad de Dios por la dureza de su corazón y por el oscurecer de la imagen de Dios en ellos. Con Jesucristo aprendemos que los mandamientos no son para amarrar a la persona sino para enseñarle el amor al prójimo y a todas las creaturas.

Leemos en el Evangelio de hoy que por haber malentendido la Ley como normas y castigos, los sumos sacerdotes y los fariseos rechazaron a Jesucristo y consideraron como malditos a los creyentes en Él que no conocían la Ley. En cambio, el descenso del Espíritu Santo hoy unió a todos que empezaron a entender y aceptar el uno al otro como escuchamos en la lectura de Hecho de los Apóstoles. Entonces hoy en la fiesta de Pentecostés conmemoramos el nacimiento de la Iglesia, la Nueva Alianza, que une al hombre con su prójimo y luego, a los dos con Dios; a partir de este Día comprendemos que la Ley, los mandamientos y toda buena dádiva que viene de Dios son para unir a todos en el amor.

Icono de Pentecostés

PentecostesHe aquí a los discípulos reunidos en Jerusalén, como lo había mandado el Señor el día de su Ascensión: “que no se ausentaran de Jerusalén, sino aguardaran la promesa del Padre” (He.1:4).

Es La misma sala en la que comieron la pascua con el Señor. En el icono se ve como un edificio que adorna la imagen, mas el evento no ocurre dentro, el lugar no lo contiene; la reunión de los apóstoles está por encima del tiempo y del espacio.

Los apóstoles que están en el icono, en el grupo de la derecha, son: Pablo, Juan, Lucas, Andrés, Bartolomé y Felipe; y en el de la izquierda: Pedro, Mateo, Marcos, Santiago, Simón y Tomas. Esta lista y en este orden es la que vemos en los iconostasios de todas las iglesias. Notemos que hay tres apóstoles que no se encuentran en el grupo de los Doce: los santos Pablo, Lucas y Marcos, mas la importancia de sus obras en la Iglesia hizo necesario que se contaran entre los apóstoles, pues el iconógrafo, como un teólogo, expresa el significado de “Apóstol” en un sentido mas amplio superando la restricción literal del concepto. Pablo es el apóstol de las naciones y Marcos y Lucas son dos de los Evangelistas fundamentales en la difusión y conservación de la fe.

 En el icono las lenguas de fuego, brotando de la misma fuente, representan al Espíritu Santo que viene sobre cada apóstol personalmente, otorgándole los diferentes talentos o dones en la unidad de la Iglesia.

¿Quién es el hombre que está abajo en el icono? Este coronado rey representa a las naciones, al universo que espera el Don del Espíritu Santo. Está encarcelado en una oscura cueva, pues, todavía no ha sido iluminado con la Luz de Cristo. Es un viejo cansado que lleva sobre sí el pecado del hombre caído. Es rehén del jefe de este mundo, satanás. El iconógrafo lo representa humilde y tranquilo, cargando una tela con doce manuscritos que simbolizan las voces de los apóstoles.

En pocas palabras, el icono nos presenta dos planos: uno, la nueva tierra, el universo divinizado y ardiente por el fuego divino; y, otro, el de rey encarcelado en su oscuridad, adornado con las joyas de este mundo pero esperando la Luz y anhela la lluvia que viene del cielo como lenguas de fuego y que inunda con su abundante gracia.

San_SiluanSobre el Espíritu Santo

“Oh Santo Espíritu, ¡qué dulce eres para mi espíritu que no te puedo describir! Pero el alma conoce tu presencia, mientras que otorgas a la mente la paz y al corazón la finura.”

“Oh Santo Espíritu, ven y consolida tu morada en nosotros para que todos, con una sola voz, glorifiquemos y alabemos a nuestro Creador: Padre, Hijo y Espíritu Santo.”

San Silvano de Athos

“El objeto de la vida Cristiana es obtener el Espíritu Santo. La oración, la vigilia, la obstinación y las obras de caridad que se ejecutan por Cristo, todos son medios para obtener al Espíritu Santo.”

San Serafín de Sarov

patriarca“…Quizás no lo comprendemos y no nos demos cuenta de lo que obra el Espíritu Santo en nosotros, y eso es porque no tenemos la completa pureza y claridad. No obstante que, por alguna vez, sentimos las gotas del Espíritu que, como el rocío, descienden en nuestra alma santificándola. Pues, ¿qué culpa tiene el Espíritu Santo si nuestros ojos están recubiertos y no lo vemos? ¿Qué culpa tiene el Espíritu si, mientras Él por su parte desciende sobre nosotros y sobre cada uno,  y en cambio, nosotros somos incapaces de distinguirlo en nosotros mismos o en los demás? ¿Qué culpa tiene el Espíritu Santo si nuestras almas están enfermas y no poseen la transparencia suficiente para la visión del Espíritu y la comprensión de su manifestación? …”

Patriarca Ignacio IV

Felicitación

Con motivo de la Fiesta de Pentecostés felicitamos en especial a la Hermandad del Monasterio de la Santa Trinidad, en Guatemala, y a la Rev. Abadesa Madre Inés deseándoles una celebración llena de bendición y ánimo para cruzar en paz y alegría la misión que Dios les ha dispuesto.

Ver la visita de Su Eminencia a Guatemala en 2007

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