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En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de "cristianos" (Hechos 11, 26)

Boletín de Navidad

El Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo

Nos ha buscado el Salvador, Oriente de lo Alto;
quienes andábamos sin luz, en sombra de la oscuridad,
hemos hallado la Verdad, pues de la Virgen hoy ha nacido nuestro Dios.         
                                                                                                                       Exapostelario

Himnos de la liturgia

 Tropario de Navidad

 Tono 4

Tu Nacimiento, oh Cristo nuestro Dios,
iluminó al mundo con la luz de la sabiduría,
pues los que adoraban a los astros,
por la estrella aprendieron a adorarte, 
oh Sol de Justicia, y a conocerte,  Oriente de lo alto.  ¡Señor, gloria a Ti! 

Condaquio de Navidad

Tono 3

Hoy la Virgen da a luz al inefable verbo; 
y la tierra ofrece al inasequible la gruta; 
los ángeles con los pastores lo glorifican; 
los magos con la luz del astro se encaminan. 
Pues, por nosotros ha nacido el nuevo Niño, el eterno Dios.

Lecturas Bíblicas

 Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas ( 4:4-7)

Hermanos: Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la filiación adoptiva. Y por cuanto son hijos, Dios ha enviado a sus corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

 Lectura del Santo Evangelio según (2:1-12)

Cuando nació Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo.» Oyéndolo el rey Herodes, se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un Caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.» Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, les envió a Belén diciéndoles: «Vayan e indaguen cuidadosamente sobre ese niño; y cuando lo encuentren, comuníquenmelo, para ir también yo a adorarlo.» Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, lo adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron por otro camino a su país.

Mensaje Pastoral 

Dios está con nosotros

 La Natividad del Señor es una de las fiestas más importantes dela Iglesia, por lo que se le prepara con el ayuno durante cuarenta días, y desde hace casi un mes se empieza a cantar el Condaquio navideño que dice: «Hoy la Virgen viene a dar a luz […] al sempiterno verbo.»

¿Por qué el «Hoy» de este himno si, cuando lo cantábamos, ni siquiera estábamos en el día del 25?

La fiesta de Navidad es mucho más que un recuerdo de un acontecimiento que tuvo lugar desde hace más de 2000 años –como si se festejara el descubrimiento de América o la independencia de México–, es decir, es más que un día célebre del calendario humano. Es el Día desde el cual miramos a toda la historia; y si bien pertenece al pasado, se extiende a lo largo del presente: «Dios está con y entre nosotros».

Todo lo anterior añoraba este día de «Hoy»; pues, la historia del Antiguo Testamento es el desarrollo de un diálogo entre la intervención de Dios en su creación, y la reacción del hombre ante dicha intervención. Dios hablaba a través de sus profetas, milagros y maravillas preparando la creación para tal día; y la Virgen es el fruto de toda esta preparación; como dice san Pablo en la carta que leemos el día de la fiesta: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4:4). Es el momento desde el cual vivimos, los cristianos, no en la era d.C. (después de Cristo) sino la era «en Cristo.»

Dios ha encarnado, a saber, «se hizo carne y puso su morada entre nosotros» (Jn 1:14); Aquél a quien los antiguos buscaban con inquietud, se nos ha revelado realizando la Profecía de Isaías: «¡He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán de nombre Emmanuel que significa “Dios con nosotros”!»

Dios está con nosotros: ¡qué vergüenza, si seguimos buscándolo entre las ruinas de Egipto o los tesoros del Faraón!

¡Dios está entre nosotros, y nosotros andamos consultando filosofías e ideologías para saber si existe!

¡Dios está entre nosotros, y henos aquí actuando como si la vida estuviera en el poder y en el dominio, mientras la tierra se agitó y el sol ocultó su luz al ver al Señor en su gloria!

«Hoyla Virgen Vienea dar a luz […] al sempiterno Verbo»: confesamos que todos los tesoros, filosofías, ideologías y poderes ya son inútiles si no nos hacen prosternarnos ante Él, con los magos, con los pastores y los Ángeles que festejaban aquel día.

Que nuestros ojos lo vean, que nuestros oídos escuchen sus palabras; tanto con nosotros está al grado que lo comemos y lo asimilamos a fin de que, conforme a las palabras de san Pablo, en Él vivamos y nos movamos y existamos (Hch 17:28). Sólo así será nuestra vida «Noche Buena», Pero si el Bondadoso es ausentado de nuestras fiestas, la bondad será exclusiva del nombre nada más.

Que el Señor nos haga dignos de la alegría verdadera de su Nacimiento. Amén.

Nuevo Patriarca de Antioquia y Todo Oriente

Su Beatitud Juan X

Biografía 

Su Eminencia el Metropolita Juan Yazigi nació en 1955 en la ciudad de Latakia, Siria. Vivió y estudió en las escuelas de la ciudad, y se graduó de la Universidad de Teshreen con una Licenciatura en Ingeniería Civil. Durante sus estudios, jugó un papel importante con los jóvenes líderes y enseñarles música bizantina. Como joven en la Iglesia, su labor fue fructífera, ya que condujo a la creación de una escuela de música bizantina y muchos programas para jóvenes espirituales. Por la bendición de Dios, su trabajo condujo a un gran avivamiento espiritual entre su generación.

En 1978, Su Eminencia se graduó del Instituto de Teología San Juan de Damasco de la Universidad de Balamand, con una Licenciatura en Teología. En 1983 él ganó con Alto Honor su doctorado en Liturgia en la Universidad de Tesalónica, Grecia. El título de su tesis publicada en griego es: “El Servicio del Santo Bautismo: un estudio histórico, teológico y litúrgico”. En 1981, junto con sus estudios de doctorado, Su Eminencia obtuvo con éxito un diploma en Música Bizantina emitido por el Conservatorio Superior de Música Bizantina de Salónica, Grecia.

Su Eminencia el Metropolita Juan Mansour de Lattakia ordenó a Juan Yazigi diácono en 1979 y presbítero en 1983, sirviendo en la Arquidiócesis de Lattakia.

Desde 1981, fue profesor de los cursos de Liturgia del Instituto de Teología San Juan de Damasco del Balamand. Durante los períodos de 1988-1991 y 2001-2005 se desempeñó como Decano del Instituto de Teología.

Además, fue nombrado abad del monasterio del St. George Al Humayrah patriarcal, Siria, en el período de 1993 – 2005 cuando Su Eminencia fundó una comunidad monástica y una escuela de estudios eclesiásticos. Su Eminencia también se convirtió en el abad del Monasterio patriarcal Nuestra Señora del Balamand , en el Líbano, en los años 2001-2005. En la actualidad, S.E.R. Monseñor Juan es el padre espiritual del Convento de Nuestra Señora de Blemmana en Tartus, Siria.

En 1995, el Santo Sínodo de Antioquía lo eligió como el obispo de Pyrgou, un área llamada en árabe Wadi An-Nasara o Al-Hosn. Se desempeñó las parroquias hasta el 2008, cuando fue elegido metropolitano de Europa occidental y central.

Además de su cuidado pastoral en las parroquias, Su Eminencia ha participado en numerosas actividades en todo el mundo en los ámbitos ecuménicos, entre cristianos y ortodoxos especialmente. Monseñor Juan participó en numerosas conferencias internacionales, en particular en Grecia, Italia, Suiza, Chipre, Estados Unidos de América, Rusia y el Reino Unido.

Su Eminencia es el autor de varios libros sobre teología, educación, música y liturgia. Ha publicado una serie de estudios litúrgicos. Editó los libros litúrgicos de la Iglesia Ortodoxa en árabe, y más concretamente los libros litúrgicos de los arzobispos, sacerdotes, diáconos. Además, tradujo y escribió muchos artículos, y dio muchas conferencias en diferentes universidades, parroquias e institutos.

Mensaje Navideño de S.B. el Patriarca Juan X

Por  Misericordia de Dios

Juan Décimo

Patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Antioquía y todo Oriente

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Mis hermanos los pastores de la Santa Iglesia Antioquena Y a mis hijos en todos los extremos de esta Sede Apostólica

Estas fiestas salvíficas llegan a nosotros en medio de acontecimientos que le ha tocado vivir a nuestra Iglesia Antioquena. En primer lugar, la pérdida de nuestro Padre el Patriarca Ignacio IV quien fue nuestro pastor con esmero y fidelidad por varias décadas. Su memoria permanecerá en nuestras mentes y corazones constantemente y será eterna junto a Dios a quien sirvió toda su vida. Además, nuestra Iglesia sufre de condiciones trágicas que experimenta nuestro pueblo como consecuencia de la violencia y el desorden que impera en la región.

La Gracia del Espíritu Santo quiso los hermanos del Santo Sínodo me elijan como sucesor de este pontificado mayor, aunque no me sienta digno del mismo, pero mi confianza en Dios y en ustedes, hermanos e hijos de mi Iglesia, me fortalece y me hace ver con esperanza el auxilio divino que me permitirá superar las adversidades y avanzar hacia un futuro mejor.

En medio de estos acontecimientos, ustedes han dejado en mi corazón la certeza de haber vivido este período como el pueblo de Dios Viviente y lo han demostrado con tres actitudes: con su sentimiento cuando expresaron sus condolencias por mi antecesor, con la oración, el ayuno y la esperanza durante el período anterior a la elección y, finalmente, con la alegría, el gozo y la paz que se manifestaron después de la elección. Todo esto me lleva a estar agradecido y orgulloso de ustedes y a mantener la ferviente esperanza en el cuerpo indiviso de nuestra Iglesia.

Y he aquí que el Niño viene a nosotros en un pesebre para morir por nosotros y para recordarnos que Él está con nosotros, que nos habla y que confía en nosotros para transmitir el mensaje de paz y amor que Él divulgó a cada uno de nosotros y a todo el mundo. Viene a nosotros humildemente, llamando a la puerta de nuestros corazones con cuidado como si quisiera nacer ahí. La Navidad no es sólo la conmemoración del nacimiento de Jesús en un pesebre de la Virgen Madre de Dios, sino que está llamado a ser la fiesta de su nacimiento en nosotros que sucederá si nos esforzamos por llegar a la pureza de la Virgen María. El nacimiento de Jesús en nosotros debe hacernos renovar nuestro compromiso con sus enseñanzas y nuestro esfuerzo por ser Su Iglesia sin mancha y sin debilidad, sino pura y resplandeciente con su Santo Espíritu. Así seremos conscientes de que la Iglesia de Cristo es nuestra madre y que los pastores y la feligresía están llamados a ser sus apóstoles invitando a sus hermanos en el mundo a la reconciliación y a la no violencia para que prevalezca la paz.

El mundo no se convencerá si no siente el amor en abundancia de los seguidores de Jesús y su servicio. La Iglesia es nuestra madre. Cada uno de ustedes es importante y su lugar es único en ella. Ustedes tienen el derecho de reclamar a sus pastores por una buena pastoral; y el pastor, en todos los niveles de su ministerio, debe salir al encuentro de los fieles, escuchar sus problemas y esforzarse por ayudarles y por responder a sus preguntas existenciales.

Ustedes, quienes obedecen a la palabra de Dios y se esfuerzan insistentemente por identificarse con ella, también tienen el derecho a opinar y a proporcionar soluciones a los asuntos de la Iglesia, puesto que todos los hijos, junto al Señor de la familia, velan por el futuro de la familia.

Esta Navidad llega a nosotros cuando muchos de los hijos de nuestra Iglesia están desplazados, lejos de sus hogares y están sufriendo mucho. Tenemos el deber de hermanos de acogerlos y acompañarlos no solo con dinero y la asistencia material necesaria, sino también sirviéndolos con ternura y caridad.

Esta Navidad llega a nosotros cuando nuestro pueblo enfrenta muchos cambios y desafíos en un mundo que se vale cada vez menos de los conceptos tradicionales haciendo de la violencia y el deseo por el consumo y la posesión una nueva ley de vida.  Los gastos excesivos que acompañan a esta fiesta, la fiesta del pobre de Belén, deben ser una advertencia a fin de concientizarnos de que hemos sometido nuestras vidas a leyes semejantes. Y así como nos hemos acostumbrado a ofrecer mutualmente regalos como los Reyes Magos lo hicieron con el Señor Jesús, expresemos también nuestro amor por el Niño Dios que viene a nosotros –tal como Él nos convoca- dando de comer al hambriento, visitando al enfermo, dando hospedaje al desamparado y ofreciendo todo lo que esté a nuestro alcance.

Esta navidad llega a nosotros cuando muchos en nuestros países se cuestionan su avenir. Hermanos, el Niño del pesebre nos dice: No teman porque yo estoy con ustedes. No teman porque ustedes son hermanos llamados a la colaboración y a la asistencia mutua. No teman porque son el pueblo de estas tierras en las que Dios quiso desde antaño que se multipliquen. No teman porque aquí tienen muchos hermanos que viven según el amor y la buena convivencia.

No teman ni se ofusquen sino que reciban a todos con aprecio, alegría y confianza plena en su Dios que es el Dios del amor y quien es, Él mismo, amor. Sean instrumentos de la reconciliación y del diálogo profundo.

Celebramos esta Navidad con nuestros hermanos cristianos. Por ello rezamos para que Dios nos permita profundizar el diálogo con todos ellos y para que lleguemos a la unión que Dios espera y sin la cual no creerá el mundo que Jesús fue enviado por el Padre.

Celebremos también con nuestros hermanos musulmanes quienes reverencian a Cristo Señor, y confiesan su nacimiento virginal de María Virgen tal como Dios lo dispuso. Por lo tanto, los hacemos partícipes de nuestra fiesta si sabemos dialogar con ellos en el diálogo de la vida, la convivencia y el acuerdo sobre los conceptos que nos unen en nuestra religión y nuestro mundo. Hermanos,  postrémonos ante el Niño del pesebre que quiso habitar entre nosotros.

No me resta más que dirigirme a nuestros hijos que fijan sus miradas en nosotros desde todo el mundo, a nuestros hijos en el Golfo Árabe, en Europa, en Australia y en las Américas. Ustedes están en mi corazón desde que los conocí en mis viajes y los encontré en mi obra pastoral. Ustedes son realmente una expresión verdadera de la apostolicidad de Antioquia hoy en los países en los que viven. Su amor por Antioquía y su manera de vivir la fe me compromete hoy más que ayer a mancomunarnos en el servicio de la Iglesia y ofrecer un testimonio vivo de nuestra unidad y amor. Así seremos testigos del Señor en el mundo y nuestra Iglesia Antioquena será fiel a su historia que resplandece con la luz de sus mártires y santos. No hay otro camino para nosotros que la santidad que todo lo hace posible.

Les envío mi bendición apostólica afirmando que llevo a cada uno de ustedes en mi corazón y pido a Dios que me haga su siervo fiel para ustedes y que trabajemos juntos para la gloria de Dios en el hombre que amó  y en la Iglesia que lleva su Nombre en este mundo.

Emitido en la sede patriarcal de Damasco Con fecha 20 de diciembre de 2012

Navideñas

Nacimiento Virginal

El decir que José “No la conoció (a María) hasta que dio a luz a su hijo”, no indica que la conoció después del parto. La palabra hasta, en sí, señala lo que sucedió durante todo el tiempo anterior al parto, pero no dice nada respecto al posterior. Es como cuando uno dice: “Estuve en la casa en la mañana”, pues esto no quiere decir que en la tarde estuvo fuera. Leamos este ejemplo del libro de Génesis: en la historia del diluvio, Noé despidió un cuervo para examinar si la tierra había secado; el relato dice: “El cuervo no volvió hasta que se secó la tierra” (Gén. 8: 7). Pero sabiendo que el cuervo nunca regresó, entendemos que la palabra hasta procuraba mostrar el abandono del cuervo antes de que la tierra se secase, sin importar lo acaecido después. Lo mismo sucede con san Mateo cuando dice que José “No la conoció hasta que dio a luz a su hijo”, pues lo que le importaba es enfatizar el nacimiento virginal, o sea, que lo concebido en la Virgen es del Espíritu Santo, sin decir nada de lo que después pasó o no con María y José.

Quizás alguien se pregunta: “¿Por qué san Mateo no atestiguó la virginidad de María también después del parto?”

El centro de atención del Evangelista era el Mesía, en quien se han realizado las profecías del Antiguo Testamento; su narración sobre el Nacimiento no busca describir la devoción de la Iglesia hacia la Virgen María, sino el acontecimiento salvífico de la Encarnación. Pero la Iglesia, desde sus primicias, ha sostenido que María permaneció Virgen antes, durante y después del parto, como parte de la auténtica devoción hacia la Madre de Dios. No es ni razonable ni recto pensar en que las entrañas que Dios ha consagrado con su presencia fueron dispuestos a otra preocupación; ella se quedó siempre al lado de su hijo “guardando todo en su corazón.” Permaneció siempre Virgen, “Betulah”, palabra hebrea que significa “morada de Dios”, de Dios y nada más de Él.

Frases de la sobre la Natividad

  • Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. (Mt 1:21)
  • …os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo;  11 porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. (Lc 2:10-11)
  • Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace.  (Lc 2:14)

 

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